viernes, 15 de noviembre de 2013

UN DÍA EN NUEVA YORK

Aunque el cine musical se producía en Hollywood con cierto éxito desde principios de los años 30, con la implantación del sonido, se puede afirmar, con riesgo a equivocarse que "Un día en Nueva York" fue el que abrió la época dorada de este género tan incomprendido en la actualidad. Una época que duraría hasta finales de los 60 y en la que el director de esta película, Stanley Donen, y dos de los protagonistas, Gene Kelly y Frank Sinatra, tendrían mucho que decir. 

Antes de ‘Un día en Nueva York’, todos los musicales se rodaban en los estudios. La falta de presupuesto, dada la complejidad de este tipo de rodajes, obligaba a todos los directores a apañárselas sin exteriores. Pero esta vez fue diferente.


El productor Arthur Freed leyó el guión de la obra que se representaba en Broadway, compró los derechos y persuadió al jefazo de la MGM, Louis B. Mayer, para rodarla allí donde realmente tenía lugar: en la Gran Manzana. Estaba convencido de que la inversión (más de dos millones de dólares) valdría la pena… y no se equivocó. Mayer recuperó el doble de lo invertido. De hecho, en aquel momento fue la segunda película más taquillera de la historia de la MGM, por detrás de ‘Cita en St. Louis’ (Vincente Minnelli, 1944).

Un día en Nueva York’ no es el mejor musical de su tiempo; pronto surgieron obras de mayor calidad y que han aguantado mejor el paso de los años, como ‘Cantando bajo la lluvia’ o ‘Un americano en París’. Pero merece una consideración especial por lo que tiene de pionera y por la increíble vitalidad que desprenden sus fotogramas… amén de estar rodada en una ciudad que es un plató de cine en sí misma.
Los protagonistas son tres marineros estadounidenses que atracan en el puerto de Nueva York un día cualquiera, a las 6 de la mañana. A partir de ahí disponen de 24 horas de permiso antes de volver al tajo. Gene Kelly, el arrollador bailarín, y Jules Mushin, injustamente olvidado, se lanzan a las calles en busca de chicas con las que saciar el apetito. Quien completa el trío es un Frank Sinatra que (¡quién lo diría!) prefiere visitar los museos y monumentos más emblemáticos de la ciudad. No es tampoco el mejor papel de Sinatra, extremadamente delgado y a veces a remolque de sus dos amigotes. Su complicado romance con Ava Gardner (sobre el que hay un chiste delicioso en el film) le estaba pasando factura.

Tres chicas salen al encuentro de los tres marineros. Por supuesto que la más impetuosa, Brunhilde Esterhazy (Betty Garrett), le corresponde al apocado Sinatra; la morena, Claire Huddesen (Ann Miller), es para Mushin; y la rubia, alias Miss Metro del mes de junio (Vera-Ellen), es para Kelly. Las tres parejas se adentran en la noche neoyorquina, donde nunca se duerme, y toman copas en varios locales, cantando y bailando, en una agotadora carrera de diversión antes de que el reloj marque, de nuevo, las seis de la mañana. 

Ésta fue la primera película dirigida por Stanley Donen, aunque Gene Kelly, como haría en futuros proyectos, también mandó lo suyo detrás de las cámaras. No en vano era el talentoso del grupo, el que mejor bailaba, el que tenía la historia más ‘dramática’, el más guapo y el de más carácter. Él tira del carro para hacer que los números musicales no decaigan (pese a algún exceso de claqué), y para que el público no se aburra en las transiciones. Pero no todo el mérito es suyo, ni de los actores y actrices que le acompañan. Gran parte del mérito es de esa ciudad que todos ansiamos visitar en algún momento de nuestra vida para sentirnos estrellas de Hollywood. Para subir a lo alto del Empire State y cantar: “New York, New York, it’s a wonderful town! The Bronx is up but the Battery’s down!”



ACROSS THE UNIVERSE

Ver Across the Universe sólo como una película es un ingrato error. Across The Universe es una experiencia que va más allá de lo filmico, es una obra llena de vida, una crónica de algunos de los años más vibrantes de nuestro siglo y además una innovadora obra visual (y auditiva). Insoportable para escépticos y puristas, hay que ver Across The Universe como una carta de amor a esos dos pilares de la tierra que son la música y el cine, ya que estos son los protagonistas de esta historia de amor épica e intertemporal que va más allá de las convenciones sociales y / o cinematográficas. Si lo que nos cuentan ya lo hemos visto, poco importa, porque la pasión con la que se cuenta es realmente lo que cuenta (valga la redundancia).

La directora Julie Taymor filma su gran obra (tras las infravaloradas y rompedoras Titus y Frida) con los excesos que la caracterizan, en un cine que confraterniza con Baz Luhrman, pero imprime un sello imborrable en esta gran odisea en la que abarca grandes historias con la banda sonora de nuestras propias vidas: Los Beatles, cuyas revisiones e inserciones en la historia crean momentos realmente inolvidables (Because, Let It Be, Strawberry fields forever , Something… y la larga y perfecta lista al completo).



Por otra parte, la dirección de Taymor puede ser discutible en algunos aspectos, pero desde luego hay que alabar su valentía por defender un estilo único, en el que lo espectacular se da la mano con lo intimista, con el hilo indiscutible de su pasión por la historia que cuenta, por la manera en que lo transmite a imágenes y la forma en la que está cosida la historia, de nuevo con esa, repito, maravilla de música, algo que desde luego no es una novedad, pero sí un tributo.


Señalar asimismo la excelente labor de unos actores en perfecta armonía con la gran maquinaria en cuanto a historia y producción que llevan tras de sí, pero más allá de lo buenas o malas que pudieran ser sus interpretaciones, lo que sorprende y a la par maravilla es la magia que desprenden todas y cada una de las caracterizaciones.
Arte en estado puro. 

Y si te interesa saber más sobre The Beatles: 

http://the-beatles-la-revolucio-social.webnode.es/